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A veces toca depre

  • Foto del escritor: GG
    GG
  • 8 ene 2020
  • 2 Min. de lectura

Mi descripción:

Es la versión más sadomasoquista. Como si una entidad me cogiera el cuello con las manos y me asfixiara. Anulara así mi capacidad expresiva, comunicativa, y me dejara sola. No me reconozco sino grito, lo mio nunca han sido los espejos. La sensación me impide reconocerme y caigo en la certidumbre de no existir, de nunca haberlo hecho, de no importar.

Si esto sucede cuando estoy rodeada de gente sólo quiero huir. El ente que me agarra el cuello, se me cuelga a la espalda y me oprime el pecho. No puedo respirar y sólo quiero huir donde haya aire. Para huir desaparezco. A veces la sensación de desaparecer es tan clara que me asusto. Otras lo intento pero no lo consigo, entonces me agobia ser consciente de que me pueden ver y sentir. Sobre todo, la claridad de que si hecho a correr nadie me seguirá.

Por eso mi ansiedad es existencial. Afecta al centro de mi existencia, tanto si hace evidente su efemeridad, como si hace patente que estoy existiendo. Ambas duelen.


Las veces que ha sido la tristeza la causante de la ansiedad, la que se prolonga y agudiza en un período de depresión, el ahogo no para. El dolor parte de la garganta al estómago. Se llena el pecho de agua y siento la inmensidad de la nada en los pulmones. Mi mente se para frente a una sensación y la convierte en circular, recurrente, impidiéndome salir de ella. Me despierto en crisis sin motivo aparente, ni respirar se puede en sueños. La única solución es atontarse, quedarse mirando una pantalla, un juego, lo que te permita reducirte a receptor pasivo. A veces ni eso calma. Buscas no sentir y lo consigues. La insensibilidad se convierte en ley. Intuyes que no es la sensación porque te hunde. Literalmente te absorbe desde el suelo, o el techo, o la cama, o las ventanas del ordenador.

Si tuviera que dibujarlo elegiría trazar la imagen de una niña ahogada, con dos coletas, la cabeza alta para absorber bocanadas. Bajo el agua, una sombra con dos coletas la agarra del cuello y tira hacia abajo. A veces no hay sombra y es la niña la que decide dejar de patalear aunque se este ahogando.


Víctima. A veces busco en mi memoria para encontrar un suceso que adjetivar como traumático, uno que me sirva de excusa para sufrir sin culpa. No encuentro nada y rebusco, araño las bases de mi ser para ver si de tan traumático que fue, mi mente lo ha ocultado. Nada, me pregunto que pasaría si encontrara algo, empiezo a creer que esto no aliviaría mi culpa.

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