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Microrelatos: Acosadas

  • Foto del escritor: GG
    GG
  • 29 ene 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 30 ene 2019

Perdón por la simplificación, la invisibilización y la descripción sin emoción. Son escenas cotidianas mías y/o de compañeras. Espero no recibir comentarios sobre la reacción de las sufrientes del acoso. Esto es una entrada para exponer subjetivamente los sucesos, no para jerarquizar el feminismo de las afectadas (imposible de hacerlo, pero por si hay idiotas que se creen capaces).

Tras los árboles de un parque público se masturba un hombre. Tres chavalillas sentadas en frente gritan al levantar la mirada. El hombre huye. Más adelante avisan a una madre con sus hijos de que el hombre estaba cerca. Ni la primera, ni la segunda vez que sucede.

Sola en un vagón de metro. Un hombre en frente. Concentrada en el móvil de repente levanta la mirada y le vé. Mirándola fijamente se estaba masturbando. Llega a clase llorando, a todas nos dan ganas de hacerlo.

Un señor de avanzada edad esta sentado en frente suyo en una mesa de la biblioteca. Es mediodía y hay poco público. Cree que es una pata de la silla, pero cuando mira debajo de la mesa es la pierna del señor la que no para de rozar la suya. Él la mira fijamente. Ella no se mueve, no se cambia de sitio. Cuando posteriormente lo relate contará que la biblioteca estaba llena y no pudo hacerlo. Parece ser que quedarse paralizada y no saber reaccionar no son razones.

Señor mayor se acerca a ellla ante un semáforo en rojo. Tras varios comentarios sobre su físico, le susurra que cuanto le costaría una noche con ella, le daría una buena propina. Ella sube el volumen de los cascos y sigue andando.

Un hombre borracho le agarra del brazo dentro del campus de la Universidad. Los encargados de seguridad se desentienden, comentan que ese espacio no es su jurisdicción. El hombre le sigue hasta la puerta de su facultad, son sus compañeres los que actúan.

Sentada, con los cascos puestos, espera en la calle. Un hombre pasa y parece dirigirse a ella. Baja el volumen de la música pensando que era algo importante. Le dice que es preciosa, y que él nunca permitiría que estuviera tan sola. Parece ser que esta escena inspira demasiadas canciones de reggaeton (ui, mira por donde, en Occidente no se tiene normalizado que una mujer este sola). Ella sube el volumen.

En un festival de rock alternativo (comúnmente conocido como el supuesto habitat de los machos más progres) tres amigas sufren un agarrón de culo to amplio, de estos que van desde el coño hasta la espalda. Se giran y no esta el agresor. El resto del concierto se lo pasan en posición de aquelarre, enfadadas y, sobre todo, tristes.

Se bajan los pantalones y mientras mean entre dos coches un hombre se acerca por detrás y les soba todo. Para que pregunten que porque se mea acompañadas.

Vuelve sola por el parque alrededor del que se edifica su barrio, apenas 11 años. Un hombre se para en su camino y le agarra las tetas. No lo relata al volver a casa.

Cuando no quieres besar a alguien y este te come la boca. Entonces gritas, te enfadas y te llaman histérica (original el insulto eh, a penas recurrente), y te llaman loca. Al día siguiente él te viene a pedir perdón y es que, como dijiste que no solo dos veces e ibas borracha, pues no le quedo claro lo que te apetecía.


Reto: ser una mujer voluntaria que tiene que tomar el rol de cuidadora con hombres en una residencia pública de mayores.

Es difícil tener 20 años e intentar ser “amiga” de los residentes. Es difícil encararse, situarse en el papel de cuidadora, cuando no estas acostumbrada a que el propio residente te deslegitimen y te quite poder en la relación voluntarie-residente. Esta relación debería ser, y creo que he intentado que lo sea, lo más horizontal posible debido a nuestra reducida acción voluntaria y poca formación. Dada la actual diferencia de poder que se establece entre los géneros es fácil perder esa horizontalidad cuando el residente es consciente de su poder, de su género. Yo me he visto reducida a una “chiquilla” acosada por un hombre residente. Quizás debí establecer una verticalidad en la relación al inicio de los primeros supuestos comentarios cariñosos, que no son más que muestras de acoso machista ("que cuerpito que tienes", "que guapa eres", "que carita más linda"). Pero mi poca experiencia con este tipo de receptores del voluntariado me hizo darme cuenta demasiado tarde.

Creo que mi reacción fue demasiado poco exagerada, no me levante y me fui, me quede, lleve al residente con una excusa de vuelta a su habitación y volví con mis compañeres. Debería haber reaccionado previamente, haberme ido a las primeras muestras de intentos de toqueteo (intento y consigió pellizcarme las tetas con una mano mientras que con la otra me agarraba ambas manos; "lo bien que te comía yo el clítoris"; "ojalá viviera contigo para ver cómo te ducha"; "¿desde que edad follas?, es que las jóvenes de hoy en día estáis muy avanzadas, ojalá haberte pillado antes").

Relaté lo ocurrido en la reunión valorativa del final de ese mismo día.

La problemática a destacar es que la misma relación que este residente mantenía conmigo la mantenía con otra compañera de los lunes y, por los comentarios de él, sucesos similares estaba sufriendo ella. Ella no lo contó. Si se hubiese sabido, yo no hubiera ido el miércoles con ese residente. La culpa no es de la otra voluntaria, ni tampoco mía, es de ambas y no es de ninguna, es del grupo que no construyó una atmósfera en la que ella sintierá la comodidad y fuerza para contarlo, de la asociación por no formarnos y darnos herramientas para responder ante estas situaciones, del patriarcado, de todes y, sobre todo, del hombre que nos sobo.

Para finalizar con este suceso comentar que la iniciativa que se propuso para solucionar el conflicto es que voluntarios de género masculino fueran con este residente. La falta de voluntarios no ha permitido que esto fuera posible todas las semanas, pero, al menos, ninguna compañera ha ido con él de manera individual.

Lo peor de esta historia, de este suceso, es que hizo que la afectada pusiera en duda su feminismo. Su praxis no concordaba con sus principios. Lo peor, fue que otres se lo echaron en cara, juzgando su feminismo, sin comprender la complejidad de la situación, lo costoso y doloroso de no ser machista contigo misma. ¿Por qué tuvo ella que sentirse culpable?



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