Quién es más que quién
- GG

- 26 feb 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 1 mar 2019
Cuando decides no depilarte las piernas, las axilas, pasas a ser una humana un tanto automasoca. Decides que tienes mucha fuerza y que puedes salir a la calle con falda, sin medias y con pelo. Acabas descubriendo que enseñas más el lado de tus piernas donde menos vello tienes, que levantas los brazos menos que cuando no los decoraba una mata de pelo.
El disciplinamiento corporal al que nos vemos sometidas los cuerpos feminizados es difícil de identificar en una misma, hasta que un día te sientas, te miras, te observas, y te das cuenta de que te muestras más pequeña de lo que eres. Te das cuenta de que ocupas muy poco espacio, de que tu subconsciente, o tu consciente, tiene grabado a cincel el movimiento perfecto para apartarte el pelo del ojo.
Cuando decides no depilarte decides autocastigarte más de la cuenta (ese "auto" tan condicionado socialmente que no sé cuanto tiene de auto), decides aguantar miradas. Además, ocurre algo extraño, aparece la envidia hacia las que se permiten "no sufrir".
Te descubres sentada en el metro, observando con rencor las piernas depiladas de la mujer con sudadera con símbolo feminista. Aparece en tu mente la palabra hipócrita y vuelves a sumergirte en el sistema patriarcal. Entras en ese juego de jerarquizar las opresiones, de eregirte con el derecho de decidir quién es más feminista que quién a través del quién sufre más.
La chica depilada esta preocupada por los pantalones que mejor realcen su figura, que no le hagan lorzas, que combinen con sus zapatillas o que no dejen ver ni una sola estría, al igual que tú. O no, quizás nada de esto le importe, quizás haya decidido que su revolución no comienza en su piel, sino en su vestuario.
Empoderarnos no significa apropiarse del poder para deslegitimar a otras mujeres en su lucha. Esto no implica que todas las mujeres, por el hecho de considerarse y construirse como tales, sean feministas y quieran despatriarcar. Porfavor, no mitifiquemos a "La mujer" convirtiéndola en un sujeto abstracto esencializado. Lo único que así conseguimos es despolitizar y homogeneizar a muchas sujetas, con sus luchas, con sus patriarcados.




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