S-útil
- GG

- 23 may 2019
- 2 Min. de lectura
Pusimos unas cuerdas entre los árboles del campus de la universidad. Colgamos en ellas prendas de las que queríamos desprendernos. Un desprendimiento basado no en la destrucción, sino en el desapego. Un acto que dejara claro lo consciente de nuestras decisiones. Iban acompañadas de una nota. Un comentario que leíamos en alto dentro de un círculo.
Nuestra profesora de Antropología del género corto su vestido de novia. Asume que firmo ese contrato social porque prefería que fuera su marido quien decidiera que hacer el día de su muerte, que su padre.
Yo colgué mi sujetador verde de aros, de flores y encajes. Rigidez. Es una prenda que para mí no significa nada más allá que sujección y seguridad. Así que, verdad, disciplina y violencia. La nota que lo acompañaba decía así,
Mi primer sujetador con metales. El primero que me dejo moratones en el pecho cuando el metal del aro se sale y te clava. Preferí coserlo y recoserlo, incluso llevarlo roto y que me dejara marcas, antes que quitármelo.
Su compra fue la primera vez que pensé que mi ropa interior debía de ser bonita, que debía de elegirla siendo consciente de que algún día alguien pudiera quitármela. Fue la primera vez que sexualice esta parte de mi cuerpo, mi pecho.
Yo quería flores. Flores, lazos y encajes. Pero sutiles, que dejaran bien claro lo que yo, como mujer, quería y debía representar en sociedad. S-útil, delicada y sujeta, preparada para que alguien me desvistiera y le agradara.
Ojalá poder asegurar que ya nada queda en mi de la parte de mi construcción que tomó esa decisión, pero aún queda, a veces me arrastran esas concepciones. Pero ya, al menos, no me dejo marcar por un sujetador roto.




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